Manejo hacia la escuela de O y me siento cansada. Es sólo martes, dormí siete horas y media casi de corrido y estoy agotada.
Sé que no es la actividad física de O la que me tiene así. Aunque él corre y brinca sin parar, yo lo observo desde la banca del parque, o lo espero abajo de la resbaladilla, camino a su lado mientras él pedalea en el triciclo. El cansancio es de responsabilidad.
Las decisiones, tanto en el día a día como las fundamentales, son sólo mías. Aunque haya quien me ayude a pensar, la única responsable soy yo. Y no es fácil. No me quejo, no esperaba que lo fuera, sólo digo que el cansancio se acumula y tengo que buscar cómo resolverlo.